Eloíse Rodríguez García de Almeida
Todo empezó con el arte.
Mucho antes de pensar en interiores, ya existía una fascinación por el color, la composición, el movimiento y la belleza. Una forma intuitiva de observar el mundo que, con los años, fue encontrando distintos lenguajes y distintas escalas.
La formación artística estuvo presente desde muy temprano. Después llegaron la música, la moda, la decoración y los espacios. Disciplinas aparentemente distintas que compartían algo esencial: la posibilidad de crear una emoción a través de una atmósfera.
Quizá por eso nunca entendí el interiorismo únicamente como la transformación de un lugar. Me interesa aquello que sucede cuando la luz cae de una determinada manera, cuando una textura cambia nuestra percepción de una estancia, cuando un color encuentra exactamente su lugar. Los espacios que permanecen en la memoria rara vez lo hacen por una sola pieza; lo hacen por lo que nos hicieron sentir.
Mallorca ha sido siempre el paisaje de fondo de esa mirada. El Mediterráneo, la materia, la luz, el paso del tiempo sobre las superficies y una cierta belleza imperfecta forman parte inevitable de mi lenguaje.
Con los años, mi trabajo se fue acercando cada vez más a los materiales. Papeles pintados, revestimientos y tejidos se convirtieron en una extensión natural de esa búsqueda. La dificultad para encontrar en la isla determinadas firmas y piezas excepcionales dio origen, hace una década, a Wallpapers Deco: un espacio concebido no solo para mis propios proyectos, sino también para arquitectos, interioristas y personas que comparten el placer de descubrir lo extraordinario.
Hoy conviven allí arte, interiorismo, materia y oficio.
Y, de algún modo, siempre está el jazz.
Su libertad, su elegancia imperfecta, esa forma de improvisar que solo es posible cuando detrás existe conocimiento. Quizá sea lo que mejor explica mi manera de crear.
Escuchar. Interpretar. Dejar espacio.
Y permitir que suceda lo inesperado.

